¿La roja o la azul?


Hace 20 años que las hermanas Wachoski nos introdujeron en un mundo neo-noir con señores de negro, máquinas gigantes infernales y la posibilidad de elegir entre la cruda realidad o la hermosa y feliz mentira. Si, 20 años ya hace de que ese Keanu Reeves nos impresionara con sus movimientos a cámara lenta inspirados en las películas de acción orientales, 20 desde aquella escena de la patada de Trinity que revolucionó todo un mundo: el de las películas de acción.

Estoy hablando, como no podía ser de otra forma, de ‘The Matrix’, una película que se ha tomado como un referente histórico, como un salto revolucionario en el mundo del cine. Es curioso (o quizá no tanto) que 20 años después, su mismo protagonista, el bueno de Keanu Reeves, haya participado en una de tantas sagas de películas que tanto le deben a Matrix y haya vuelto a darle la vuelta (valga la redundancia) a todo lo que llevamos viendo durante los últimos años.

Y es que con Matrix y con John Wick nos pasa lo mismo: sus mundos ya nos suenan de algo. Matrix tenía como grandes predecesoras en su teoría filosófica a películas como Dark City o Ghost in The Shell. Por entonces, ya se estaba hablando sobre la posibilidad de un mundo paralelo, de una vida en la que nos mienten, de que las máquinas podían tener sentimientos…, se tocaban temas que hoy en día podemos considerar actuales. Y John Wick… bueno… ¿Habéis visto redada asesina? A John le roban su coche y su perro y el tío se pone como una fieraby busca venganza y matar a todos los que marcaron su pasado.

Entonces ¿Qué hace de estas dos películas algo revolucionario? Bueno, primero pongamoslas en su contexto. Matrix es un auténtico referente del cine porque las hermanas Wachoski son unas apasionadas del séptimo arte. Recogen todo el contexto del cine oriental de acción, cogen elementos neo-noir de ambientación de películas como Ghost in The Shell, cogen la chulería de Terminator y muchos otros detalles y los aúnan a la perfección. Matrix consigue hablar de filosofía mientras Keanu huye de una lluvia de balas a cámara lenta haciendo volteretas entre columnas. Y eso es fascinante, nuevo, dinámico y sobre todo, revolucionario.

Por su parte John Wick, a ver, es John Wick, ya os lo he dicho. ¿Qué tiene de especial otra película más sobre un tío ‘dandose de hostias’ con otros? Las primeras dos películas de la saga crean un colchón, escenas dinámicas y propuestas salvajes que rompen el esquema de otras películas de acción. Mil sucesos en pantalla en las que un humano con apariencia de Dios (o viceversa) tiene que ser creativo y buscarse las mañas, pero tienen muy bajo presupuesto y en muchas escenas llegan a ser algo pobres. La última película, Parabellum, recoge el legado de sus compañeras y lo ensalza: sus escenas épicas se pausan más, te dan más tiempo para pensar, pero a la vez son contundentes y divertidas. Una escena: John está en un museo (o galería) de armas, recoge un revólver y lo prueba, está descargado y con el seguro puesto, lo persiguen. Se pone algo nervioso y decide desarmar el arma mientras sus enemigos suben y golpean la puerta, vemos cómo desarma pieza a pieza y en algún paso se equivoca un poco y pierde tiempo. Justo en el último momento consigue desmontarlo, quitarle el seguro, recargarlo y dispararle un tiro en la sien a uno de los que suben a matarle.

Esoa espacios en los que John recarga, da una vuelta o se para un segundo a tomar una decisión, nos hacen que el ruso nos parezca más humano. A su vez, con esas escenas, la película consigue ponernos en tensión en cada momento y estar pendientes de lo que pasa. Somos uno con el personaje.

Matrix consiguió su podio: revolucionar el mundo de las películas de acción combinando filosofía y disparos. John Wick otro muy diferente: darle más chicha a eso de los disparos y las hostias. Ambas tienen a Keanu Reeves en el centro. 20 años han pasado y sigue siendo un actor referente de películas referentes. No podemos hacer más que aplaudir a la pantalla y esperar a la próxima película. Y seguir pensando ¿La azul o la roja?

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