Déjennos hacer periodismo

Un periodista está preparado para muchas cosas, pero si tuviera que resumir su labor en una sola diría que un periodista sabe cuándo hacer una pregunta y cuándo no. Sabe este profesional de la información cuándo hay que preguntarles a las personas que conforman este presente social, porque la sociedad demanda esas respuestas. Sabe cómo y dónde hacer esas preguntas, en qué orden colocarlas tanto en su entrevista como en el medio para el que trabaje. El periodista es un trabajador hiperpreparado en el concepto de la pregunta y la respuesta y su mayores creaciones son la entrevista y el reportaje, porque dependen exclusivamente de su trabajo, de lo que pregunte y de lo que no y de cómo lo pregunte.

Muy pocas personas se atreverían a criticar a un panadero si, por ejemplo, se pusiera a hacer pan sin gluten para alimentar a personas celíacas. Y menos personas se quejarían si en un hospital se atiende antes una operación de importancia que un catarro. A los profesionales se les tiene que dejar hacer su trabajo, tenemos que respetarlo y debemos admirarlo, porque es un bien social.

Pero una oleada de críticas se levanta para impedir al periodismo hacer su función. La entrevista a Otegui no levanta pasiones y sí mucho enfado. El periodista, en tanto, solo estará pidiendo lo que todos, que le dejen hacer su trabajo, que unas preguntas curan más que el daño que hacen.

Hay muchas personas que buscan respuestas a la historia de ETA, al terrorismo, a lo que ha pasado en País Vasco. Entrevistar a Otegui significa dar respuesta a algunas de esas preguntas, transformar el presente social para que las personas puedan pensar sobre qué ha supuesto ETA en Euskadi y en España con más claridad.

Lo único que deberían pedir entonces los periodistas honestos con su trabajo es que se deje preguntar. Una pregunta no mata, no arranca trozos de carne, no te hace pobre y no te quita tu comida. Una pregunta busca una respuesta y las respuestas, todas, sanan. Y qué salud la de los respondidos.

La memoria herida de España busca medicinas, las respuestas. Dejen a los periodistas hacer preguntas para encontrar ese alivio social, como dejan al panadero y al médico hacer su trabajo. Preocupense más por nuestro trabajo precario, por el periodista que tiene que subscribirse con poca fe en la vida del falso autónomo, por los medios que cierran, por otros que reducen y criban sin piedad su plantilla. No paren nuestro trabajo, hagan lo que haga falta por continuarlo, porque si algún día tienen preguntas y nos han callado, entenderán qué cerca hubiera estado una buena respuesta de curarles el alma.

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